“Lula es inocente y Gildo un adalid de los derechos humanos atacado por la oposición”. Milagros del relato, si hay un tic fácil de detectar que tiene la retórica populista es que siempre intenta contar la historia cómo le conviene. O venderla cambiada, si es necesario, para construir la fachada que necesita. La misión no es decir la verdad, sino plantear argumentos que, aunque retorcidos, puedan convencer a nuevos adherentes o ratificar el pensamiento de los ya convencidos. De paso, si se puede instalar algo que suene como verdad universal, mejor.
La catequización es una herramienta de difusión que lleva siempre implícita el gen de la pelea por el espacio ideológico, aunque los argumentos hagan agua por los cuatro costados y haya clichés que se imponen como consignas que nadie osaría desvirtuar. A veces, la propia militancia tiene que tragarse sapos y defender causas indefendibles. Al kirchnerismo, en los últimos tiempos le tocó sacar la cara por Victoria Donda, los vacunatorios VIP y el modelo-Formosa de Gildo Insfrán, nada menos. Igualmente, el populismo no se inquieta: la misión es repetir y repetir “que algo quedará”. Por eso, en todo el mundo es tan frágil su convivencia con la prensa independiente, la que por definición busca desvelar las cartas tapadas, hurgando en los pliegues que no deben salir a la luz para que el guión no trastabille.
La situación del ex presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva ha sido otra de las muestras de estos días, visto desde la Argentina. El mismísimo presidente de la Nación, Alberto Fernández, no ha tenido empacho en afirmar que él sabía que su amigo era “inocente”. La mención no es ingenua, ya que la idea es instalar que los procesos que involucran a Cristina Fernández tienen la misma lógica o sea una persecución maliciosa orquestada entre opositores y los medios para sacarse de encima a ciertos dirigentes y convencer a la gente de su baja catadura moral, el llamado “lawfare” judicial. Paranoia en estado puro.
Fernández no fue políticamente preciso y seguramente lo hizo adrede, porque su versación en Derecho le hubiese impedido tamaño desliz. Él sabe muy bien que el fallo no dice que Lula es “inocente” ni que fue absuelto, sino que el ex presidente ha recuperado la presunción de inocencia, algo diferente de por sí, un estado que podría permitirle competir electoralmente hasta que se lo condene o sobresea en varias causas de cohecho. Así, seguirá la historia en el caso del brasileño hasta tanto haya un nuevo juicio sustanciado en las instancias correctas, quizás algo que nunca se lleve a cabo por los tiempos brasileños sobre prescripción de las causas.
Más allá de la necesidad que tiene el Presidente de agradar a su jefa política (sobre todo porque ella le está soplando ministros) y ya él mismo ha dicho que el área de Justicia pasará a tener “otra actitud”, probablemente hacia una menor independencia, instalar la “inocencia” de Lula mirando hacia este lado de la frontera tiene sólo la lógica del carácter transitivo para darle argumentos a la tropa. Pero como las causas hay que mirarlas por las pruebas y no tanto por los gustos ideológicos, ya se verá qué se dice luego para desvirtuarlas, porque ocurre que la cuestión de la competencia aquí no está en juego como en Brasil y sólo tendrá validez lo probado.
Si bien el Presidente ha dicho con firmeza que él no miente, para el engaño sólo hace falta decir medias verdades. Así, como la mentira sobrevuela, la palabra de los dirigentes queda desvirtuada casi siempre por aquello que señala el refrán de las abuelas: “en boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso”.
Esto mismo es lo que se ha visto con los bonos atados al CER: sólo con haber amagado realizar una reestructuración de la canasta de consumos para tomar precios más acordes con la realidad de 2021, algo que corresponde hacer debido al cambio en los hábitos de la población, hubo una primera reacción negativa de los mercados. Porque ya pasó una vez y como se hizo para no pagar todos los ajustes por inflación que debían pagarse, entonces la memoria reaccionó ante el primer anuncio con una huida de esos bonos, aunque ya no esté Guillermo Moreno en el Indec. Memoria.